Crecimiento y Vida Plena

El Hilo de la bobina

Saber Cuando Parar es de Sabios.

Luego de tener en desuso por años mi maquina de coser, empecé a tomar un curso de costura. Dentro de las cosas más importantes está el ensartar correctamente la máquina con dos hilos; uno en la parte superior que pasa por varios lugares y termina en la aguja y otro que sale de la parte interior de la misma, desde una capsula con un carretel que se rellena, a lo que llamamos bobina. Con estos dos hilos entonces se produce la costura.

Fácilmente mientras cosemos podemos ver las puntadas que van quedando en la parte superior de la tela, pero para ver las de la parte inferior debemos parar y voltearla, verificando así que la costura está en la forma correcta. Esto es lo que me ha hecho reflexionar esta vez.

Mientras cosía una falda de paneles blanca, verifique un par de veces y la puntada era perfecta, por lo que simplemente cosí y cosí sin parar, largas costuras. Cuando paré con la suposición de que ya había terminado, me di cuenta que no había hecho nada, ¡nada!, se había terminado el hilo de la bobina a mitad del camino y yo ni me percaté.

Igualmente nos pasa en nuestro matrimonio cuando hacemos suposiciones, nos envolvemos en la rutina y nos dejamos llevar, creyendo que todo está bien. Simplemente no estamos haciendo nada, pero pensamos que si.

Es por tanto necesario y en muchos  casos urgente parar, hacer revisiones periódicas, cortar hilos con los que nos hemos enredado, verificar que se acabo y que hay que reponer, piezas que engrasar y de ser necesario buscar un experto que haga las revisiones de lugar y las reparaciones previstas, para evitar mayores consecuencias.

En el momento que me di cuenta que no había hecho nada, me invadió un sentimiento de descontento, por haber perdido el tiempo, pero como quería terminarla tuve que superarlo y disponerme a buscar la solución.

Quite la bobina, desensarté la maquina para poder tomar el cono de hilo, puse la bobina en el lugar para llenarla, cambie el botón de coser a llenado de bobina, presioné el pié y esperé a que la misma estuviera llena antes de ponerla nuevamente en su lugar. Finalmente tomé el cono de hilo y volví a ensartar la máquina (hay que pasar el hilo por cinco lugares antes de terminar en la aguja). ¡Vaya trabajito! –pensé- y todo esto tan solo para coser una falda.

Así mismo nos puede pasar cuando descubrimos que algo no anda bien y nos disponemos a buscar la solución al problema, puede aturdirnos el trabajo que se vislumbra en el horizonte; son muchos los pasos que hay que dar y ni pensar en el estrés de tener que ventilar todo esto con una tercera persona. Pero al final cuando hayamos encontrado la solución,todo el trabajo será como un vago recuerdo y solo contemplaremos los frutos, viendo así que ha valido la pena.

Dediquemos pues periódicamente, un espacio de tiempo y lugar para revisar como vamos: como personas, como pareja, como familia, en nuestros trabajos, en las metas por lograr, etc. Y pidámosle al único que todo lo puede, que aleje de nosotros la apatía y el pesar ante el trabajo que pueda implicar este nuevo reto y nos de la gracia de saber cuando debemos parar.

Gracias Señor porque nos das la oportunidad de ver el camino recorrido, hacer los ajustes necesarios y empezar de nuevo sin perder la fe.

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