El Jarrón Dorado

La Plenitud del Verdadero Propósito.

El Jarrón Dorado, acuarela sobre papel 9″x12″, Aura Domínguez

En una mágica galería de arte, un antiguo jarrón de alabastro y figuras talladas en oro era una de las piezas principales. A pesar de provocar la admiración de todos y ser la imagen que la galería utilizaba en las impresiones, publicaciones y papelería, frecuentemente sentía que algo le faltaba y le invadía un dejo de tristeza.

Cada noche cuando ya las personas se habían ido, se ponía a conversar con sus compañeros sobre su pesar.

– Ha pasado otro día sin saber lo que me pasa- dijo con voz entrecortada- pero siento que algo me falta.

La verdad no entiendo -dijo un Picasso- ni yo con mi espectacular colorido alcanzo tantos elogios como tu.

Es verdad– dijo un papiro egipcio- Yo existo desde antes que tu y sin embargo, nunca tantos halagos me acompañan.

No comprendes- dijo una escultura gregoriana- es que siempre te estás preguntando si hay algo más. Confórmate con lo que tienes, porque llamas mucho la atención y todas las miradas siempre están sobre ti. Eso debe ser más que suficiente para cualquier obra de arte.

Pero aun así, no lograba quitarse esa sensación de vacío, de que algo faltaba en su vida para sentirse pleno.

Una tarde lluviosa entró a la galería un señor de aspecto sencillo pero culto, en quien se apreciaba el valor del pasar de los años.

He venido por ese jarrón. Hace tiempo lo he buscado y por fin he dado con el, así que me lo llevo a casa, envuélvamelo por favor- le dijo a la joven vendedora.

Todos estaban sorprendidos y comentaban entre sí que sería de él ahora que no estaría. Ahora tal vez valoraría todos los halagos y sentiría que siempre había tenido más de lo que cualquier obra de arte podría querer.

Fue envuelto cuidadosamente y colocado en el asiento del acompañante del antiguo automóvil. Su mente estaba en blanco, la verdad llena de expectativa ya que nunca imaginó éste día, pero también con un poco de temor a lo desconocido.

Al llegar a casa, su nuevo dueño lo tomó con delicadeza y fue caminando hacia una de las habitaciones. Sobre una mesa con mantel blanco bordado fue colocado suavemente, una brisa fresca entraba por el ventanal.

Se acercó con emoción una figura de mujer. Unas manos con ternura poco a poco, fueron llenándolo con agua hasta casi la mitad. No comprendía lo que pasaba, pues nunca nadie había vertido nada en el hueco en su interior. La mujer fue colocando con cuidado una a una, flores recién cortadas del jardín y su perfume llenó aquella habitación.

Los esposos abrazados veían admirados su belleza, era perfecto! Desde la primera vez que ella lo vio, sabía que lo sería y en el lucían hermosas las flores cultivadas con tanto amor.

Finalmente una sensación de plenitud lo llenó, comprendiendo así que cumplía con su naturaleza. Había descubierto que si bien era cierta su belleza no menos cierta era su función y al cumplirla completaba el verdadero propósito para lo que fue creado.

Moraleja: muchas cosas podrán hacernos sentir dichosos y podemos confundirnos por la opinión de los demás, pero la verdadera plenitud siempre vendrá cuando cumplimos el propósito para el cual fuimos creados. Nadie podrá hacerte feliz sólo tú puedes lograrlo. Cada día tómate un momento para reflexionar y descubrir cómo te sientes, que llena tu vida y que quieres cambiar. Finalmente pídele a aquel que te creo que te guíe a cumplir tu verdadero propósito y así la plenitud inundará tu corazón.


Gracias Señor porque cada día nos conduces y podemos descubrir la verdadera plenitud.

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