Vida En Pareja

La Sábila y el Helecho

Nuestras diferencias vistas como un complemento

Un día al regar las plantas, volví a ver con sorpresa mi planta de sábila o aloe y como en ella un brote de esporas de helecho que hace un tiempo había germinado, no sólo seguía con vida, sino que estaba grande, frondoso y aún mayor que otros a los que yo había transplantado cuidadosamente a un lugar donde «se suponía» tendrían todas las condiciones para desarrollarse.

Este hecho me hizo reflexionar sobre cómo, una planta árida tipo cactus, como la sábila, cohabita en la misma maceta que un helecho. Si bien es cierto que la sábila tenía ya años ahí, con pleno sol, poca agua y bastante grande ya, aún así me sobrecogió la pregunta de cómo había sido el proceso de adaptación del helecho a este medio ambiente. El helecho llegó allí por el soplar del viento que desprendió sus esporas ya maduras y el tiempo le hizo echar raíces que le hicieron permanecer.

Este hecho me ayuda a ver como a veces vemos parejas tan diferentes que han logrado ambos vivir y crecer sanos – en principio uno más cómodo que el otro porque el medio ambiente es más favorable para desarrollarse – pero de igual forma el otro no sólo logra «sobrevivir» sino, logra un desarrollo pleno e individual.

El matrimonio se trata de una danza que bailamos agarrados y si bien hemos aprendido algunos pasos juntos, también no es menos cierto, que nuestras diferencias son parte de llevar un buen compás si sabemos apreciarlas como equilibrio; un pie que se mueve hacia delante y un contrario que se mueve hacia atrás y viceversa.

Hace muchos años, pensaba y reflexionaba sobre las diferencias en los estilos de vida que queríamos mi esposo Jonel y yo: él apartamento, yo casa; él pocos niños, yo muchos;  él camioneta, yo un vehículo más cómodo y familiar;  y para ser sincera, en muchas ocasiones me quejaba y hasta me sobrecogía la duda de si permaneceríamos juntos hasta la ancianidad.

Ya estamos casi cumpliendo 17 años de casados y son precisamente nuestras diferencias las que han complementado nuestra vida juntos, los acuerdos que surgen por las mismas y sobre todo, lo más importante, hemos aprendido cada día a aceptarnos y a apoyarnos más, porque comprendimos que Dios así nos creo y su viento favorable unió nuestros caminos. Hombre y Mujer nos creo, diferentes para que seamos el complemento perfecto y ver las diferencias como las destrezas y fortalezas de dos integrante de un mismo equipo en balance.

¡Gracias, Señor, porque cada día me regalas tu precioso amor, para así poder amarme a mi y amarlo a él yo también!

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