La Poda Agradecida

la poda agradecida

» Yo soy la vid verdadera y mi Padre el labrador. Toda rama que no da fruto en mí la corta. Y toda rama que da fruto, la poda para que dé más fruto» Juan 15, 1-2

Por unos meses, casi un año, vivimos por segunda vez en una casa con patio. Luego de mi tiempo a lectura diaria, meditación y una taza de café (que falte todo menos el café) disfrutaba regar las plantas, quitar las hojas secas y escuchar el canto de los pajaritos. Esta rutina había transformado la forma de empezar el día. Claro está, después del alboroto matutino de preparar desayuno, meriendas, niños, esposo y demás.

Dividimos el patio en varias áreas para pequeños jardines: orquídeas, plantas aromáticas, tomates y uno de mis favoritos un rosal. Por años fue mi deseo cultivar rosas pero hasta ahora no lo había logrado tener un espacio con suficiente luz y ahora que tenía la oportunidad, estaba muy emocionada con este nuevo proyecto.

Cada vez que tenemos un nuevo proyecto, buscamos primero información sobre el mismo; necesidades, tiempo estimado que tomará, recursos de los que disponemos y que nuevos conocimientos debemos obtener. Planificamos, accionamos y evaluamos para ver lo que nos funciona.

Buscamos un lugar con la luz adecuada, compramos el sustrato correspondiente y los fertilizantes, así como las distintas plantas de rosas y las plantamos. Ya el rosal era una realidad.

Periódicamente quitaba las hojas marchitas, abonaba y todo lo demás, pero fue entonces cuando comprendí que estaba teniendo conflictos internos con una parte del proceso “la Poda”.

El proceso de poda de un rosal, tiene técnicas específicas y las había estudiado cuidadosamente, pero no lograba concretar porque debía retirar de las plantas una porción del tallo de 5 nudos por debajo de la rosa aún cuando estas no estaban marchitas y simplemente me daba pena.

Si bien la poda deja en el momento un aspecto desaliñado o de destrucción, también es cierto que cuando pasa, es un espectáculo ver aquellos retoños y botones brotando por doquier.

Las podas pueden ser comparadas con los momentos de crisis o con las situaciones que debemos afrontar en nuestras vidas y que nos fortalecerán,

La mayoría de los procesos que pasamos, pueden ser comparados con una poda: un proceso de crecimiento, un cambio de etapa, una separación, muerte de un familiar, crisis existencial o de trabajo, etc.  Solo aprendiendo de ellos podemos salir fortalecidos, brotando en nosotros nuevas enseñanzas y valores personales . Más aún, si tenemos la certeza de que Dios está en control de todo y que sólo poda lo necesario para que podamos florecer.

Sí,  en el momento no podemos entenderlo. Nos invade una sentimiento de desastre, de frustración y hasta olvidamos que alguna vez hubo flores. Pero luego de un tiempo podremos empezar a ver las pequeñas hojas brotar, luego las ramas y finalmente un día nos despertará el aroma de un hermoso jardín florecido que nos revitalizará. Así que la próxima vez que te toque una poda, confía, que así mismo darán más fruto.

Termino contándoles, que después de ese rosal he tenido varios rosales y el más reciente aquí en Granada me ha enseñado una gran lección, pero esa historia la dejaremos para un nuevo encuentro de Reflexiones de la Vida Diaria .

¡Gracias Señor porque tu eres el jardinero por excelencia que nos promete más frutos tras cada poda!

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